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Probablemente ya te hayas enterado que hace pocas semanas el Consejo Superior de la UBA (máximo órgano de gobierno de la universidad) definió convocar a una Asamblea Universitaria el 14 de diciembre para elegir rector de la UBA. Sí, lo hacen en plena época de exámenes finales y sin estudiantes cursando. Correspondería que la elección de Rector se realizara durante el mes de abril de 2010, con los nuevos consejeros directivos de las facultades y los nuevos decanos ya asumidos (los mandatos de todos ellos comienzan en marzo de 2010), pero se elige esta fecha para mantener a raya la resistencia estudiantil.
Esta convocatoria tiene un objetivo claro: impedir que se organice un movimiento estudiantil que viene reclamando la democratización de los órganos de gobierno de la universidad. Hallú busca cerrar su reelección como regalo de Navidad e irse de vacaciones con el puesto asegurado.
El pequeño núcleo de profesores que gobierna la UBA actualmente busca renovar por 4 años más su proyecto político, que consiste en avanzar en la mercantilización de la educación universitaria. Esto se refleja en el ahogo presupuestario por parte del gobierno nacional, en las reformas de los planes de estudio al servicio del mercado, en los postgrados pagos, en las pasantías como trabajo precarizado, en los negociados que vienen realizando con empresas privadas (por ejemplo, con la Minera Alumbrera), en miles de docentes que continúan dando clases sin cobrar, entre tantas otras condiciones precarias que quienes pasamos largas horas en la universidad podemos enumerar.
Para perpetuarse en el poder mantiene una estructura de gobierno en la cual un reducido grupo de profesores tiene la capacidad de elegir a quienes gobiernan la UBA. Aproximadamente 2 mil profesores cuentan con 122 representantes (votos) en la Asamblea Universitaria, mientras que cerca de 300 mil estudiantes tenemos apenas 52, y la gran mayoría de los docentes de la UBA ni siquiera están autorizados a votar, así como tampoco los trabajadores no docentes.
Nuestro reclamo por la democratización no es algo nuevo. En 2006, el kirchnerista Hallú fue electo rector de la UBA en el Congreso Nacional vallado, con una feroz represión policial hacia quienes estábamos tras las vallas reclamando por una democratización de los órganos de gobierno. Hallú prometió que en sus 4 años de gestión se encararía una reforma de los estatutos. Lo único que reformaron del estatuto fue habilitar la acreditación de las carreras a la CONEAU (Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, conformado bajo la Ley de Educación Superior), además de otras modificaciones regresivas (o simplemente cosméticas). De democratización, nada. Mientras tanto, muchas fuerzas políticas, estudiantes, graduados y docentes seguimos expresando el reclamo por la democratización, como hicimos recientemente en las elecciones de los consejos directivos de las facultades de la UBA.
El actual co-gobierno universitario se sostiene por la existencia de los claustros que expresan políticamente la relación social “docente-alumno (sin luz)” que se da en las aulas: la estructura claustral de los órganos de gobierno es la expresión política de una relación de jerarquías, que legitima el orden vigente. Esta estructura claustral constituye uno de los principales problemas del orden político universitario.
Sin embargo, no es el debate de los claustros lo que hace avanzar a la universidad en un proceso de transformación, sino el debate político académico. El mismo es anulado por el sistema de claustros en tanto tiende a ordenar las posiciones por interés sectorial y no por concepción política. Nuestro objetivo es construir las condiciones de una universidad creadora y productora de conocimiento crítico.
Hoy, ante la convocatoria a una Asamblea Universitaria, exijamos una apertura de la discusión sobre la democratización y un proceso de reforma de los estatutos: proponemos que los estudiantes, graduados y docentes nos organicemos en espacios de debate sin diferenciación de claustros y desarrollemos Asambleas en cada facultad para discutir propuestas e iniciativas y organizarnos para hacer escuchar nuestra voz. Que la reforma se encare en época de clases, que permita elaborar propuestas en espacios de organización asamblearia que involucren al conjunto de la comunidad académica.
Apostamos a lograr un sistema democrático de elección directa (1 persona = 1 voto) sin distinción de claustros. En ese sentido, exijamos mayor representación estudiantil, la conformación de un claustro único de docentes que supere el desgarramiento en el que hoy se encuentra (profesores por un lado y graduados por otro), donde confluyan los docentes (concursados y no concursados, auxiliares, adjuntos y titulares) e investigadores que trabajan en la Universidad y que los trabajadores no docentes tengan representación con voz y voto.
También proponemos convocar al conjunto de los estudiantes de la UBA a movilizarnos reclamando por la democratización. No debemos limitarnos a manifestarnos en los lugares y momentos que nos impone la agenda de los privatizadores de la UBA. Debatamos la posibilidad de realizar una marcha o acto por la tarde y antes de que terminen las clases, para abrir la posibilidad de masificar este reclamo.
Así como los trabajadores del Subte luchan por la inscripción gremial contra las mafias y las patotas, así como los trabajadores de Kraft- ex Terrabusi luchan por la reincoporación de los compañeros despedidos, así como los movimientos sociales luchan por trabajo contra los punteros, así como los docentes luchan por más salario, el movimiento estudiantil lucha por la democratización de los órganos de gobierno de la Universidad y mayor presupuesto... Sabemos que la posibilidad de triunfo de cada una de estas luchas y el desafío, a la vez, está en la capacidad que tengamos de articular y pegar con un solo puño a un sistema de explotación y miseria.
Nuestra fortaleza como estudiantes está en masificar y llenar de contenido nuestro reclamo. Nuestras propuestas apuntan a que eso sea posible. Sólo con la participación de muchos estudiantes, graduados y docentes podremos torcer el rumbo de la UBA, para defender una educación pública, gratuita, de calidad y al servicio de quienes laburamos día a día y para quienes nos formamos para ser los laburantes del mañana.
Una universidad donde los estudiantes seamos sujetos de la transformación, para ejercer la crítica práctica junto con todos los sectores de la clase trabajadora: una universidad crítica y comprometida con el cambio social.
El desafío es pasar de la crítica de la universidad a la crítica de la sociedad: la transformación de la universidad como forma de aportar a la transformación social.
BASE - ESCUCHA ACTIVA - EL VIEJO TOPO COLECTIVO UNIVERSITARIO - FILO EN CONSTRUCCIÓN - PRAXIS
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